Cambiar
por cambiar?
Encontrar la causa de por qué no salen más tenistas en nuestro país, no es tarea fácil. Sin dudas, no podemos hablar de una
sola, hay muchas. En esta nota me voy a referir a un aspecto que considero importante, y que contribuye al desarrollo del jugador en su etapa formativa.
¿Qué pasa en los centros de entrenamiento, que
gran parte de los jugadores permanecen poco tiempo? Algunos de ellos parecen verdaderos turistas, tal la manera de viajar de un centro a otro. ¿Qué ocurre? Es una pregunta que pienso no ser el único que se la ha formulado, pero que incumbe a todos: hablo de entrenadores, padres, y jugadores también.
¿Es que se llega al nuevo centro con expectativas muy elevadas? Porque es común ver al chico que cambia de entrenador y, al comienzo, va todo bien para él y sus padres: ambos encontraron al
ENTRENADOR. Pero luego, basta perder un par de partidos para que cambie el concepto. Y sucede que un tiempo más tarde todo es culpa del entrenador, ya no sabe nada. ¿Es tan así, tan cruel? ¿O quizá hay una errónea concepción de las cosas?
No estoy diciendo que se tenga que empezar y terminar la carrera con un mismo entrenador. Pero sin duda es un tema muy delicado, teniendo en cuenta que el chico,
en su etapa formativa, necesita recibir mensajes claros y
experimentables. Y si está siempre cambiando, también cambia la información que recibe, entonces se produce una especie de confusión, que termina por desconcertarlo por completo.
Sergi Bruguera, al ganar Roland Garros por segunda vez consecutiva, dijo entre otras cosas.
"Mi padre es el mejor entrenador que he tenido, no porque sea el que más sabe, sino porque es el que más me
conoce". Además de los entrenadores-padres que sacaron campeones, tenemos ejemplos que no lo son, como
Mastelli con Mancini, Gerossi con Labat y
Frana. Ellos han tenido algo muy importante y tan poco codiciado en estos tiempos: la palabra es
constancia.
Hay que tener claro dónde se quiere ir, si un día vamos al sur y otro al norte, y estamos
cambiando por cambiar, siempre estamos arrancando de cero, así pasa el tiempo. Pueden pasar 3, 4 o 6 años en la vida de un chico, que si
ésto es entre los 12 y 18 es suficiente para confundirlo, desestimularlo, etc.
Es necesario reflexionar acerca del cambio. Si hay objetivos claros, si se está de acuerdo en lo que se está trabajando, entonces quedan el
tiempo, el esfuerzo y la paciencia. El chico debe comprender, si quiere progresar, que está en un
proceso de formación, que nada se realiza a grandes saltos, y que no va a encontrar fuera lo que está dentro de si mismo.
Siempre se habla del gran salto que dan determinados jugadores. Lo importante es trabajar para mejorar, para adquirir el nivel. A partir de eso, los resultados llegan, puede ser de a poco o en una semana, depende de la psicología de cada uno.
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Prof.
Guillermo
Minutella |
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